Lecciones de los clásicos

Este post no va de filosofía, ni de literatura, ni de música. Este post va de fútbol. El vendaval de sensaciones que nos han dejado los cuatro enfrentamientos entre Real Madrid y Barcelona entre Abril y Mayo del 2011 han dejado muchos sentimientos quebrados y otros tantos deseos satisfechos.

Estoy contento de escribir estas líneas a toro pasado, cuando ya se han decidido títulos como la Copa o la Liga y porque los cuatro clásicos, aunque todavía presentes, ya empiezan a dejar cierto poso en la memoria después de toda la agitación mental que para un aficionado al fútbol como yo, ha dejado cada partido.

Desde el punto de vista futbolístico, poco puedo decir que no hayan analizado ya miles de periódicos, columnistas, reporteros y periodistas varios. No creo que pueda aportar nada nuevo a las polémicas que han rodeado a algunos encuentros y que tanta bilis han dejado.

Sin embargo, sí que se pueden extraer ciertas reflexiones sobre todo lo que ha pasado y esto es lo que voy a hacer a continuación.

Para empezar, no ha habido ningún partido que me haya gustado. El fútbol de los clásicos ha sido, en general, malísimo. Mucha especulación, mucha horizontalidad de la pelota y mucho juego trabado. Aunque por el juego en sí me quede con el partido de la final de Copa, en general se ha visto a un Barcelona cansado, mermado, lento y a un Madrid duro, enrocado y especulador.

Por otro lado, las polémicas. Polémicas por todo: porque lo expulsan, porque lo pisan, porque pone la mano, porque hace teatro, porque le anulan un gol. Polémica para unos, obviedad para otros, claro. Lo que nos han enseñado los medios es que la realidad cambia según el punto de vista. Que una realidad imparcial y objetiva es meta para muy, pero que muy pocos. Que la gente escucha más al forofo de la tele (por morbo o devoción) que a un analista entendido en la materia. En definitiva, que todos los bandos han escuchado lo que querían oir por parte de cada color mediático.

No me han gustado los clásicos porque han sacado el bicho negro que lleva todo el mundo dentro. En estos días de crisis económica, de corrupción política no saneada y de burbujas inmobiliarias; el circus máximus de nuestros días, y (léase en broma) "el refugio donde las masas depositan sus esperanzas en los colores de un equipo", va y resulta que queda marcado a fuego por dos palabras: mal perder. Sí, sí, mal perder como el de niños malcriados. Como equipos de señoritos "Y tu más" donde sus papás les han defendido a capa y espada. Donde nadie de su tribu se ha atrevido a criticar lo más mínimo ciertas actitudes a los miembros de su clan.

El no aceptar la derrota. El no reconocer que por A o por B te has quedado en la cuneta y que te toca chincharte y que te tienes que tragar el sapo con piel y todo. Y sobre todo, otro punto clave: el no saber hacer Y no querer hacer autocrítica.

Aparte de que haga falta mucha educación respecto a saber encajar derrotas, y sobre todo, a saber predicar con el ejemplo; en este caso parece que los modos y las actitudes de cómo han actuado los implicados responde a una estrategia. Pero, ¿no es muy evidente que esta estrategia es una "Goebbles" aplicada al balompié? Esto es, aquello de "si repites una cosa 1000 veces al final será verdad aunque sea mentira".

Los (léase como se quiera) "valores olímpicos" de la participación, del respeto al rival, de la competición sana, de darse la mano cuando todo termina y felicitar al ganador, han quedado completamente eclipsados por el post-partido. Las palabras volcadas por los técnicos en las ruedas de prensa al finalizar los encuentros pasaron a convertirse en lo realmente importante de las noticias y portadas del día después.

A todo esto, los jugadores han sido protagonistas, sí, pero no por el juego desarrollado, sino por sus expulsiones, por sus teatrillos o por sus salidas de tono.

Y por supuesto, el gran perjudicado ha sido el fútbol, porque el valor que van a dejar estos clásicos es el de que, sea como sea, lo importante es ganar. Y con esto no digo que la competitividad no sea importante, que lo es y mucho.

Pero, ¿No se estará volviendo todo como "reality global?" Como un programa de telebasura que llega a todos y cada uno de los rincones de la sociedad. Hubo momentos en los que leyendo la prensa del día posterior a cada partido, si hubiésemos cambiado el nombre de Mouriho por Belén Esteban y el de Guardiola por Jesulín, más que el "Marca" o el "Sport", podría aquello haber sido el "Cuore" o el "Pronto".

De todos modos, este amarillismo dudo que estuviera orquestado únicamente para vender ejemplares. En base a ciertas lecturas forofas realizadas por periodistas de cada bando, creo que realmente se estaban plasmando en el papel escrito de cada columna o artículo, la lucha por demostrar estar en posesión de la verdad absoluta sobre las jugadas polémicas, los árbitros y los planteamientos tácticos.

Mourinho

Hasta cierto punto, todo ha sido divertido, si lo miramos desde una óptica no demasiado "hooligan", pero en temas Barça vs. Madrid es difícil no encontrarlas.

Reconozco que después del tercer clásico y de la famosa rueda de prensa de Mourinho, pensé que menos mal que sólo quedaba un partido, porque todo iba cada vez más "in crescendo": más crispación, más indignación, más polémica. Y eso que creo que tanto Mourinho como Guardiola son dos grandes técnicos que por méritos propios ya están en la historia del futbol, pero menos lloriqueo, hombre, que cansa un poco.

Tampoco creo que haya una única manera de entender el fútbol y por supuesto de que cada cual juega como quiere o como puede. Tanto mérito tiene el mundial ganado por Italia en el 2006 como el de España en el 2010.

Menos mal que siempre nos quedará Julio Maldonado, "Maldini", para poner un poco de sentido común a las cosas.

Pero, ¿serán capaces todas las partes implicadas olvidar de cara al año que viene? Difícil lo veo.

P.D.: Ha sido divertido por un día hacer de Cruyff. 🙂

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